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¿Es realismo mágico?

A topic by GreatGreenGoat created 99 days ago Views: 132 Replies: 3
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Estimados, tengo un cuentillo corto que me queda en duda si cuadra con el género propuesto. Lo dejo aquí plasmado para ser descuartizado y que me digan si es correcto tomarlo como base para una IF. Gracias por adelantado:

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Roberto Pedraza tenía 65 años. Vivía en Pueblo Chico con su esposa Mabel. Su hijo, Pablo, había fallecido en un accidente automovilístico unos diez años atrás y se habían quedado solos desde entonces.

Eran conocidos en el pueblo como una pareja reservada y humilde. Él era un albañil de oficio que aún hacía algunas changas para llevar un plato de comida a la mesa aunque el cuerpo ya no le daba, al igual que la señora, que aún trabajaba limpiando casas.

Esa noche estaban tomando una sopa de verdura porque era una noche fresca, de esas de mitad de año que hacen silbar las aberturas con el fuerte viento que se cuela. Roberto sorbía y miraba de reojo el horrible fetiche que descansaba sobre la chimenea.

- ¿Para qué compraste esa porquería? -preguntó a su mujer, como lo había hecho cada noche desde que lo había traído a casa.

- Da buena suerte -respondió desentendida la señora que no apartaba la vista del televisor que se reflejaba en sus gruesos anteojos.

- Pffff. Estamos desbordados de buena suerte -acotó con sorna y siguió comiendo.

En medio del ruido que provocaban los sorbidos y el viento que convertía las hendiduras en gaitas, el albañil creyó escuchar una risa.

Era una carcajada ahogada, distante, sutil, casi imperceptible. Pero él estaba seguro que la había escuchado.

- ¿Escuchaste eso? -preguntó levantando la mirada hacía la ventana, como si su vista pudiera atravesar la persiana cerrada.

- ¿Qué cosa?

- Una risa. Como una carcajada.

- No seas ridículo. Habrá sido la tele -respondió la señora mientras sujetaba con fuerza el control remoto y subía el volumen.

El hombre hizo caso y no le dio importancia. Se volvió a llenar la copa de vino y siguió comiendo. Después de todo, su casa estaba en una zona alejada. Su vecino más cercano estaba a varios kilómetros de distancia y era poco probable que alguien deambulara por allí a esas horas.

Segundos después volvió a escucharla. Esta vez podía asegurar que venía desde la estatuilla. La observó fijamente, esperando que le respondiera de alguna manera su mirada inquisitiva, pero nada sucedió. El homúnculo de cuarenta centímetros que representaba un mulato sonriente de blancos y radiantes dientes con mirada desorbitada lo observaba impertérrito.

- No sé para qué compraste esa porquería -repitió, esta vez más para sí que para su esposa, que no dejaba de prestarle atención al televisor.

“Deberías matarla” dijo una voz en su mente. No era la primera vez que lo pensaba, pero esta vez tenía una connotación especial. Era como si alguien más se lo estuviera sugiriendo. Una voz exógena.

- ¿Podes bajar la tele? -dijo molesto por el griterío que llegaba desde el aparato.

- ¿Y vos podes dejar de llenarte el vaso? -respondió la señora más que molesta.

Roberto hizo una mueca de desprecio y volvió a llenarse el vaso, que se había vaciado más rápido de lo que recordaba.

La risa regresó. Esta vez estaba seguro que era el mulato. Lo miró fijamente. La estatua le devolvió la mirada. Se quedaron así un instante. “Muñeco de mierda” pensó.

Al día siguiente todo el pueblo hablaba del homicidio. “Pueblo chico, infierno grande”.  La noche anterior Roberto había llamado a la policía diciendo que había matado a su esposa. Lo encontraron cubierto de sangre con su martillo aún aferrado con fuerza en la mano derecha. La señora Mabel yacía en el suelo de la cocina con la cabeza deshecha. Junto a ella había restos de cerámica de lo que otrora fuera el fetiche de la suerte.

El juez no creyó la historia del hombre. Mandó a internarlo a una institución psiquiátrica porque, por su edad, no era conveniente encerrarlo en una cárcel, pero de haber sido un poco más joven de seguro estaría purgando una cadena perpetua.

Es cierto que su nivel de alcohol era muy alto, pero también es cierto que por su edad y las secuelas de su trabajo, no poseía la fuerza necesaria para tal matanza. Aunque nunca le creyeron, él seguía asegurando que mientras el martillo descendía y se hundía en la masa encefálica de su esposa, podía escuchar una risa macabra que venía desde el fetiche.

FIN.

(+1)

Parece más bien del género de terror... a ver qué opina la comunidad.
Creo que para dar el salto al realismo mágico la magia del fetiche tendría que estar aceptada por todos en vez de ser un misterio oculto que sólo se relaciona con el protagonista.

Lo podrías "generalizar" si la cultura y la magia de los fetiches fuese aceptada por todos como algo natural, y luego, por lo que sea, que el protagonista mantenga en secreto ese fetiche en concreto. ¡Suerte!

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Memorias de un Juan

Era oscuro dentro de Juan, en su mano un vaso de ginebra en las rocas en la mesa de un bar en algún lugar distante y frió,  Juan espera a una chica, una dama que le fascina y con quien espera compartir ideas, sonrisas y deseos,  la ansiedad lo invade, pues quiere dejar una buena impression,  Juan observa el tiempo pasar cada vez mas lento, y  de cuando en cuando en el fondo de su memoria una presencia etérea le susurra  sueñaos pasados al oído, en vano intenta ignorarles hasta que  en el reflejo del cristal,  una mirada lo asecha, en la ventana  detrás del reflejo de esa frente marchita se oculta ese que murió de tanto ser el mismo lo que era.  

 Las teclas del piano se hunden bajo la yema de los dedos, el instructor admira su entusiasmo pero sabe que de pianista el tiene muy poco, aun así va puntual a cada clase que de por cierto resulta gratis en la universidad, el momento de terminar la segunda session llega; el reloj marca las 4:00 pm y entonces escucha su voz,  hace sol en la cuidad el aire cálido y habla de tiempos mejores,  mientras del otro lado el ginebra en las rocas se detiene comienza girar en la dirección del invierno,  las calles  se ocultan bajo la nieve,  el barman sale para fumar un cigarro y el aire escarchado de la noche  implacable y crepitante  en los huesos le hace suspirar... 
La voz es de una mujer  que llega acompañada de un hombre un colega o amigo, ella sonríe el tiempo se detiene,  su amigo desaparece en el fondo y esa sensación de que estas mareado  y se siente bien le llega de golpe  ella le habla y le responde, se sienta a su lado,  toma su mano y la coloca en el lugar correcto,  el piano  el maldito piano... ahora todo es música, pero como? si no sabe ?  su mirada lo dice todo, ella sonríe y dice  que nunca le había visto dime  cual es tu nombre? .

La puerta se cierra  dejando entrar algo nieve,  Juan  se entrega una vez mas al ginebra en busca de rocas afiladas o  de formas inexploradas en las cuales pueda des-encontrar algunos recuerdos.  La miradas se tornan menos esquivas y por alguna suerte del destino aquella primera vez  sus ojos  ya no se abandonaron y de cuando en cuando se vuelven a encontrar en ese entonces y en los  a horas futuros y lejanos,  desde ese preciso instante ella dejo sellado ese encuentro pues su  voz  que se sembró en su mente poco a poco al va y ben del  roce leve de sus manos en las teclas en un viejo piano, pobre de Juan no hay puerta de salida el nunca tuvo oportunidad. 

En el reflejo de la ventana el sigue vivo, dibujando mundos en el infinito mientras permea  su alma en el fondo del vaso, mientras aquella tarde cálida emerge como un murmullo en la eternidad, como un grito en el vació producto de una larga desesperación petrificada en la soledad, el tiempo avanza con su ruido ensordecedor en ese invierno de tinieblas, entre cadenas de anhelos pasados y personas que nunca se olvidan...