El juego parte de una premisa divertida: una vecina chismosa decide quién se está portando bien o mal, con tres posibles finales. Visualmente es atractivo y usa elementos sonoros caleños que aportan identidad. La idea de escuchar y observar está presente, especialmente al hacer clic sobre personajes y objetos que se mueven.
Sin embargo, la mecánica no siempre es clara. No se entiende bien por qué ciertos personajes suman o restan puntos, y la falta de coherencia dificulta anticipar las consecuencias de cada acción. Esto vuelve la jugabilidad confusa y reduce la sensación de control del jugador. Aunque el arte está bien logrado, la música podría mejorar.
La propuesta tiene encanto y una base interesante, pero necesita más claridad en sus reglas para que los tres finales se sientan justos y comprensibles.