El juego ofrece dos modos de dificultad, lo cual es un punto muy positivo. El modo Difícil mantiene el reto original y el modo “Dios” permite disfrutar la experiencia sin necesidad de dominar cada mecánica, haciendo el juego accesible para más personas.
La progresión entre niveles es clara y satisfactoria. A pesar de algunos bugs menores, el ritmo se mantiene y los escenarios, incluido el nivel del Gato de Tejada, son visualmente tremendos. La música acompaña bien y la reutilización del tema principal en el jefe final le da cohesión. Tener un jefe final accesible sin rutas complicadas funciona muy bien y recuerda a juegos como The Binding of Isaac o Cult of the Lamb. El soporte para control también suma mucho.
Como mejoras, sería útil tener acceso rápido al menú para cambiar dificultad o configuraciones sin reiniciar, y añadir logros, desbloqueables o tablas de puntuación para incentivar la rejugabilidad. El juego tiene potencial para expandir su progresión y hacerlo aún más atractivo.