Soplo el silbato y el mundo exterior con su ruido y su prisa se desvanece tras la neblina del hielo. Aquí, entre tus pingüinos silenciosos, he encontrado el hogar que nunca tuve. La melodía es un abrazo de lana en medio de un invierno infinito. Gracias por programar este pequeño santuario para un espíritu fatigado.